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El Port de Barcelona acelera la revolución verde de los cruceros con electrificación, renovación de terminales y combustibles alternativos


de izquierda a derecha, mar pérez, jefa de cruceros; josé maría rovira, director de operaciones marítimas; carla salvadó, subdirectora general de comercial y gemma gràcia, cruise manager, en el seatrade miami.

 

Por Carlos Sánchez, editor de GPINews.tv

La industria de cruceros en el Mediterráneo empieza a virar con decisión hacia la sostenibilidad, y Barcelona quiere liderar ese cambio. El Port de Barcelona ha puesto en marcha un ambicioso paquete de medidas que transformará de raíz su modelo de tráfico de cruceros, apostando por la electrificación, la modernización de infraestructuras y una reorganización estratégica de espacios.

El objetivo es claro: reducir el impacto ambiental sin renunciar a la competitividad de uno de los principales hubs crucerísticos de Europa.

Electrificación de muelles: menos emisiones, menos ruido

El avance más significativo llega con el despliegue de los primeros sistemas Onshore Power Supply (OPS) en terminales de cruceros. Las primeras instalaciones estarán operativas en las terminales de MSC y Royal Caribbean, permitiendo que los buques se conecten a la red eléctrica durante su estancia en puerto.

Este sistema elimina la necesidad de mantener en funcionamiento los motores auxiliares, reduciendo de forma drástica las emisiones contaminantes y el ruido en el entorno portuario, uno de los principales retos de convivencia con la ciudad.

Una flota más limpia y moderna

La transición no se limita a las infraestructuras. Este año, el puerto recibirá nueve nuevos cruceros, y más de la mitad de las escalas (57%) corresponderán a buques con menos de diez años de antigüedad, lo que implica mejores estándares ambientales y mayor eficiencia energética.

Además:

El 22% de las escalas serán de barcos propulsados por GNL (gas natural licuado) Se está impulsando el suministro de biocombustibles Ya se trabaja en la llegada del primer crucero propulsado por metanol

Un conjunto de avances que refleja la transición energética que vive el sector.

Reordenación de terminales: menos es más

En paralelo, el puerto avanza en la reconfiguración de sus infraestructuras. A finales de este año está previsto:

El cierre y derribo de la terminal C del muelle Adossat El cese de actividad de la terminal Barcelona Sud, en el World Trade Center

Estas decisiones forman parte del acuerdo con el Ayuntamiento de Barcelona para reducir el número de terminales, mejorar la eficiencia operativa y avanzar hacia un modelo que priorice los cruceros de puerto base, con mayor impacto económico positivo y menor presión sobre la ciudad.

Movilidad y ciudad: el otro gran desafío

La sostenibilidad no se limita al buque o al muelle. El puerto trabaja también en mejorar la movilidad asociada al tráfico de cruceros, con proyectos como:

El estudio integral de flujos de pasajeros El posible desdoblamiento del puente Porta d’Europa La creación de un corredor urbano entre Drassanes, Marina del Prat Vermell y Zona Franca

Además, la rehabilitación de tramos del muelle Adossat incorporará sistemas OPS para que, a medio plazo, todos los cruceros puedan operar conectados a la red eléctrica.

Barcelona se posiciona en el escenario global

Este conjunto de iniciativas ha sido presentado en la Seatrade Cruise Global, la principal feria internacional del sector celebrada en Miami, donde el Port de Barcelona ha vuelto a mostrar su estrategia junto a su comunidad portuaria.

La delegación, encabezada por responsables comerciales y operativos, ha trasladado un mensaje claro: Barcelona quiere seguir siendo un líder en cruceros, pero bajo un modelo más responsable, innovador y alineado con su entorno urbano.

Un nuevo modelo portuario en marcha

Lejos de ser ajustes puntuales, las actuaciones del Port de Barcelona responden a una transformación estructural. Electrificación, combustibles alternativos, reducción de terminales y mejora de la movilidad configuran un nuevo paradigma.

Un modelo que busca equilibrar crecimiento económico, sostenibilidad ambiental y convivencia urbana.

Barcelona no abandona los cruceros. Los redefine.